10No existe un concepto único que defina la palabra estrategia, sin embargo es indudable el impacto que genera su aplicación en cualquier tipo de organización, ya que delimita su norte y establece las acciones a seguir para poder alcanzarlo.

Existen características comunes que están presentes en casi todas las escuelas de pensamiento estratégico y que en general, permiten descubrir el por qué de su existencia, para qué aplicarla y finalmente, cuál es su contribución para lograr la perdurabilidad y el éxito empresarial.

El Arte de la Guerra, un libro escrito hace más de dos mil años que compendia estrategias militares, define la importancia de conocerse a sí mismo, al enemigo y al terreno para lograr la victoria en batalla; si se observan estos aspectos desde la perspectiva empresarial se puede afirmar que la empresa, la competencia y el entorno, son elementos claves para determinar la estrategia que permita el logro de los objetivos organizacionales.

A partir de esto y con el transcurso del tiempo, se han originado pensadores y escuelas tendientes a descubrir la mejor manera de establecer la estrategia mediante modelos, metodologías, conceptos y diversas herramientas de acuerdo con el contexto social e histórico en el cual fueron concebidas.

De esta forma, se configuran diez escuelas de pensamiento divididas en tres grupos:

"La primera, basada en la manera en que deberían formularse las estrategias, antes que el modo en que son concebidas.

La segunda, interesada en describir el procedimiento de elaboración de la estrategia.

La tercera, la escuela de la configuración, que engloba las demás e intenta integrar las diferentes partes."

Aunque evidentemente existan diferencias entre cada una de ellas es posible encontrar puntos similares como la consideración de metas y objetivos, la asignación de recursos y la relación con el medio ambiente, factores básicos para planear y aplicar la estrategia con el fin de guiar las acciones y obtener ventaja competitiva.

Lo anterior implica la realización de un análisis tanto interno como externo, teniendo en cuenta el conocimiento, la identificación y la práctica de diferentes herramientas y conceptos como el análisis DOFA, la planeación estratégica, las cinco fuerzas de mercado, la cadena de valor, las tres c, la estrategia emergente, los tipos de capital, el Balanced Scorecard, las fuentes de conocimiento, la triada conceptual, y prospectiva, entre otros.

Atender los principales planteamientos formulados en cada una de las escuelas sería de gran valor para las organizaciones, ya que les permitiría generar estrategias difíciles de conocer e imitar por los competidores; sin embargo, sería una labor fatigosa por la cantidad de recursos y esfuerzos que implicaría, además de inútil debido a que cuando se tuvieran todos los análisis correspondientes, lo más probable es que el mundo haya girado nuevamente cambiando las tendencias y dejando obsoletas las bases en la cuales fueron realizados dichos estudios.

En consecuencia, se hace indispensable como primer paso que la empresa establezca claramente tanto sus sueños (visión) como su razón de ser (misión) y el contexto en el cual se desenvuelve, prestando especial atención en crear valor para cada uno de los stakeholders (accionistas, empleados, clientes, comunidad, gobierno y medio ambiente), aparte de seleccionar las herramientas y los postulados que mejor se adapten a su situación, objetivos e industria. Esto no implica que la gerencia deba ligarse a una sola línea de pensamiento, sino por el contrario, encontrar el mix más adecuado, favorable y conveniente que permita la formulación de estrategias viables para la organización.

Cabe mencionar que la búsqueda y definición de ese mix, es una tarea que no solo corresponde al CEO sino a cada uno de los stakeholders; en consecuencia, es preciso contar con un flujo de información efectivo que permita la comunicación veraz, válida y rápida de las ideas y observaciones hechas en cada una de las áreas relacionadas directa e indirectamente con la empresa, garantizando un perspectiva completa que conducirá a un pensamiento en red.

Definitivamente, el ejercicio de este tipo de pensamiento es algo complejo debido a que requiere la ruptura de numerosos paradigmas y modelos mentales, sobretodo en el ámbito empresarial lo cual es irónico, ya que se supone que una de las estrategias claves planteadas por Porter es la diferenciación, sustentada en la innovación "para ser diferente de los competidores en la mayor cantidad de dimensiones posible, y así, disminuir la posibilidad de acciones por parte de esta" . Pero cuando se logra superar el pensamiento mecanicista, secuencial o lineal, y se descubre que los hilos existentes son ilimitados e interdependientes, se entenderá que las acciones que emprenda la organización tendrán un efecto no solo en sí misma, sino en los otros debido a la relación causa-efecto y a los diferentes bucles provenientes de ella, abriendo un mundo de oportunidades para ubicarse en un escenario deseable en el futuro y finalmente, crecer sosteniblemente mediante el buen aprovechamiento de los recursos limitados.

Producto de la variación en el uso de los recursos (planteado por Marshall y retomado posteriormente por Bueno y Morcillo), los intangibles han ido ganando mayor espacio en el contexto corporativo, situando al conocimiento como el eje central para el establecimiento de estrategias que desarrollen su potencial al máximo, ya que "orienta a las personas y la compañía a la acción e innovación basado en creencias y valores" . Es en este punto, donde el aprendizaje continuo se convierte en el soporte para que la organización genere valor sin olvidar otros intangibles como el capital humano, el relacional y el estructural.

Además de propender por el desarrollo de los intangibles como instrumento invaluable para generar estrategias eficaces, la era que actualmente vivimos exige de parte del estratega ciertos rasgos que le permitan comprender el mundo vertiginoso al cual nos enfrentamos y a la organización como un sistema abierto, sujeto a los cambios causados por ese entorno; es así como la creatividad, la visión y el conocimiento se convierten en cualidades casi que imprescindibles para formular estrategias adaptables, capaces de adecuarse a los retos, oportunidades y problemas antes que entren en escena.

Para lograr la flexibilidad, es necesario el desarrollo de un proceso basado en la interdependencia entre pensamiento y práctica, la observación del entorno y la previsión de las transformaciones que puedan surgir en cuanto a grupos de interés, tendencias, desarrollo tecnológico, distribución del ingreso, tasa de natalidad, industrias crecientes, competitividad global, etc.; asegurando que lo planteado en una hoja de papel tenga el efecto deseado en la realidad. Por esta razón, la estrategia se debe concebir como una filosofía a largo plazo, tal como afirma Ohmae: En un sentido muy real, representa la expresión de una actitud frente a la vida.

En resumen, la estrategia puede ser concebida como la acción o no acción a realizar con un sentido específico, para conducir a la organización desde el presente a un futuro deseable, teniendo en cuenta un análisis interno y externo a partir del cual se genere valor agregado y diferenciación, satisfaciendo las necesidades de los stakeholders.

Para lograrlo, se requiere del cambio de paradigmas que van desde la concepción de lo tangible como principio de riqueza hasta lo intangible como fuente ilimitada de la misma, de la competencia desmedida hasta la cooperación y del pensamiento mecánico hasta el sistémico, lo que seguramente conduce a definir y aplicar un tipo de estrategia de acuerdo con los objetivos de la compañía, el entorno del que hace parte y la industria a la que pertenece, evidenciando dos elementos básicos:

  • La estrategia puede plantearse conforme a varias líneas de pensamiento, y
  • Una estrategia eficaz para cierta empresa no puede serlo para otra.

Finalmente, la contribución de la estrategia para lograr un alto desempeño empresarial es invaluable debido a que "genera valor para la toma de decisiones cuyo objetivo es lograr la permanencia y sostenibilidad [de las organizaciones]" ; sin embargo, no sirve de nada si no está direccionada por una misión, visión y valores.

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1 MARÍA BIBIANA PULIDO RIVEROS. Avances de pensamiento estratégico y prospectiva. No. 1. Bogotá. Enero. 2006. p. 21.
2 Ibíd p. 60.
3 Ibíd p. 111.
4 Ibíd p. 5.


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Sobre el Autor
Cindy Garay es consultora de Sönar, ha participado en varios proyectos de estrategia y balanced scorecard. Usted puede seguir o contactar a Cindy Garay en Linkedin.
Categoría: Estrategia