A finales del año pasado, uno de mis grandes amigos me envió este mensaje como parte de su reflexión sobre los puntos importantes en la vida, trabajo y profesión.
Es una lectura corta pero con una gran moraleja.
Aunque las compañías siguen diversos caminos para alcanzar el éxito en la implantación de un Sistema ERP (Enterprise Resource Planning, por sus siglas en inglés), muchas no lo logran de una manera "cómoda" o sencilla, sino que durante el proceso se encuentran ciertos contratiempos, haciendo de dicha implantación, una labor poco atractiva.
Muchas pueden ser las razones, por ejemplo, poco o nulo apoyo de la alta Dirección, falta de consideración sobre ciertos factores relevantes de la cultura organizacional y de los valores. Aunque algunos atributos son intangibles, tales como, la responsabilidad y la predisposición hacia el cambio, al final, si no son considerados adecuadamente, generarán resistencia por parte de los empleados.
Partiendo de la premisa en la que se afirma que: "lo que no se mide no se gestiona", y teniendo en cuenta que los activos intangibles son parte fundamental del valor de mercado de las organizaciones. El ejercicio de su evaluación y de su contribución al beneficio de la empresa, parece ser ignorado, por lo complicado o por la falta de conocimiento al respecto en la administración de las empresas.
En otras palabras, el valor real de una empresa no es lo que dicen sus balances y sus registros contables.
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